Barrio Escalante, San José

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PAZ, de Maricel Alvarado Orozco. El vidrio suspendido reclama para sí la cualidad de una luz que no rebota, sino que lo atraviesa.
Técnica
Vitrofusión
Medidas
48 × 27 × 17 cm
Estado
Disponible
Paleta
blanco tiza, gris perla, arena, negro carbón, gris plomo
Trazo
Segmentos de vidrio translúcido termoformados con bordes redondeados y microburbujas atrapadas, anclados verticalmente a una base de piedra calada rústica.

Análisis curatorial

El vidrio suspendido reclama para sí la cualidad de una luz que no rebota, sino que lo atraviesa. En esta escultura de bulto, la materia vítrea opera como dibujo tridimensional, articulando la silueta de un árbol cuya copa no busca la densidad del follaje, sino la fractura organizada del aire. Un fuste vertical, estirado y de impecable rectitud, sostiene un ensamblaje de fragmentos que parecen haber congelado el instante preciso en que una ráfaga sacude las ramas.

Esa arquitectura botánica se construye a partir de tensiones bien calculadas. La copa se descompone en planos angulares y convexos que se tocan, se solapan y dejan intersticios transparentes, creando un ritmo sincopado de líneas de sutura. Los bordes redondeados por la cocción suavizan la arista cortante del cristal, mientras una constelación de diminutas burbujas de aire queda prisionera en el espesor del material. Estas inclusiones gaseosas refractan la iluminación directa como una neblina de rocío estático, dotando al volumen de una vibración interna que niega la frialdad industrial del soporte.

El contraste decisivo ocurre en el encuentro con la tierra. Frente a la transparencia impoluta y el aire encerrado en el cristal, la base de piedra arenisca introduce la aspereza, el peso geológico y la fractura ciega de la cantera. La roca no intenta disimular su origen; su borde dentado e irregular enfatiza la pulcritud aerodinámica de la columna que emerge de ella. Hay en ese diálogo una reflexión sobre el arraigo y la levedad, donde el tronco asciende no para dominar el espacio circundante, sino para volverse invisible en él.

Bajo el título que la bautiza, la pieza despoja al concepto de sosiego de cualquier complacencia decorativa: la serenidad aquí no es quietud estéril, sino el frágil equilibrio de componentes cristalinos que resisten la gravedad sin perder su delicadeza.

PAZ

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