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Una Tarde Entradita de Tragos, de Carlos Tapia. Un gato azul cobalto, erguido como un tótem doméstico sobre una silla turquesa, fija la mirada en el espectador mientras el resto del espacio parece perder la gravedad.
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Carlos Tapia

Una Tarde Entradita de TragosVendida

Año
2009
Técnica
Acrílico/Tela
Medidas
150 × 100 cm
Estado
Vendida
Paleta
rojo bermellón, azul cobalto, verde esmeralda, naranja cálido, turquesa
Trazo
Pincelada empastada y directa con gruesos delineados oscuros que compartimentan zonas de color saturado.

Análisis curatorial

Un gato azul cobalto, erguido como un tótem doméstico sobre una silla turquesa, fija la mirada en el espectador mientras el resto del espacio parece perder la gravedad. Su quietud contrasta de inmediato con el vértigo de la mesa redonda, volcada hacia el primer plano mediante una perspectiva casi cenital. En esa superficie circular, de un burdeos denso, se despliega el festín que da sentido al título: una fuente con camarones de un rosa encendido, copas y tragos de licor dorado, una botella a medio consumir y una hielera que parece derretirse en la calidez de la tarde.

El espacio vibra gracias a una confrontación cromática implacable. Fondos de rojo bermellón colisionan con el verde brillante de las hojas de costilla de Adán, mientras el piso se fragmenta en baldosas de colores primarios y secundarios que ondulan como un tapiz elástico. Nada permanece estático; los bordes negros y sinuosos contienen planos de color puro aplicados con un empaste generoso, delimitando las formas con la soltura de quien prefiere el pulso vivo antes que el cálculo milimétrico. Las copas transparentes no buscan la mímesis del cristal, sino su destello gráfico sobre la madera.

Esa distorsión de las líneas y la inclinación de los objetos sugieren la alteración sensorial propia de la sobremesa prolongada. La escena prescinde deliberadamente de comensales humanos, dejando que los restos del agasajo y la presencia felina cuenten la historia. El gato no es un simple adorno en la silla; parece el único testigo lúcido o el verdadero anfitrión de una celebración que acaba de suspenderse. En ese cruce entre hedonismo cotidiano y extrañeza doméstica, la pintura captura la ligereza desinhibida y el calor envolvente de una tarde donde el tiempo se diluye entre tragos.

Una Tarde Entradita de Tragos

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