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Gato Bowie, de Carlos Tapia. Una mirada frontal, hipnótica y asimétrica gobierna el espacio desde el primer instante.
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Carlos Tapia

Gato BowieVendida

Año
2016
Técnica
Acrílico/Tela
Medidas
130 × 130 cm
Estado
Vendida
Paleta
azul cobalto, rosa fucsia, naranja fuego, amarillo cromo, verde esmeralda
Trazo
Empastes vigorosos de acrílico con delimitación gráfica en negro y pinceladas direccionales yuxtapuestas.

Análisis curatorial

Una mirada frontal, hipnótica y asimétrica gobierna el espacio desde el primer instante. En este lienzo de gran formato, el arquetipo visual de David Bowie se funde con la fisonomía felina en una síntesis tan lúdica como desafiante. El icónico rayo bicolor atraviesa verticalmente el hemisferio izquierdo del rostro, mientras dos ojos desorbitados, concéntricos y de diferente cromatismo, desarman la estabilidad del espectador. La escala de un metro treinta por lado magnifica esa fijeza, transformando una referencia de la cultura popular en un tótem vibrante.

El color opera aquí con una intensidad eléctrica. Una base de azules profundos, cargada de pinceladas cortas en verde y turquesa que generan una vibración de fondo casi cósmica, sostiene el estallido cálido de la figura central. Los tonos magenta, fucsia y naranja del pelaje y la cabellera erizada parecen irradiar luz propia gracias a la materia generosa del acrílico, aplicada con vigor directo y empastes visibles. Las líneas negras gruesas, que recuerdan la contundencia de las vidrieras o la gráfica expresionista, contienen la fuerza de los pigmentos puros e imponen un orden riguroso dentro del desborde cromático.

Bajo una aparente simetría, el artista introduce disrupciones desconcertantes. En la mejilla izquierda de la figura (derecha visual del espectador), un pequeño felino rojizo parece habitar la piel del personaje, enroscándose hacia la oreja en una espiral que rompe la bidimensionalidad y sugiere una metamorfosis en curso. Hacia la base, un cuello segmentado en rombos amarillos y verdes evoca el atuendo de un arlequín espacial, reforzando esa identidad múltiple y teatral.

La pintura prescinde de cualquier timidez decorativa. Carlos Tapia construye un ícono donde el homenaje musical transmuta en un ser chamánico, capaz de sostener la mirada y devolver un magnetismo inquietante que oscila entre el humor, la devoción pop y el misterio animal.

Gato Bowie

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