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Escondidas Florecillas Doradas, de Álvaro Gómez. El rojo se impone con la fuerza de un estallido contenido, saturando el campo visual hasta rozar los márgenes de la tela.
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Álvaro Gómez

Escondidas Florecillas DoradasVendida

Año
2017
Técnica
Acrílico/Tela
Medidas
100 × 165 cm
Colección
Colores con Alma
Estado
Vendida
Paleta
rojo bermellón, carmesí oscuro, azul celeste, gris bruma, amarillo dorado
Trazo
Pinceladas cortas y pastosas aplicadas en capas superpuestas que generan un entramado vegetal continuo

Análisis curatorial

El rojo se impone con la fuerza de un estallido contenido, saturando el campo visual hasta rozar los márgenes de la tela. Frente a este formato monumental de más de metro y medio de ancho, la primera impresión es la de una marea escarlata implacable: miles de corolas que vibran al unísono, disputándose la superficie en un pulso casi táctil que desafía la distancia del espectador.

Álvaro Gómez prescinde de la línea de horizonte y de cualquier referencia de cielo para construir una inmersión vegetal absoluta. No hay punto de fuga que organice un recorrido jerárquico; el ojo vaga guiado únicamente por el ritmo sincopado de las manchas. Entre la multitud de pétalos carmesíes emergen diminutas inflorescencias celestes, pequeños puntos fríos que rompen la calidez del plano y funcionan como respiraderos cromáticos. Más abajo, casi imperceptibles entre la maraña de tallos oscuros, asoman apenas los destellos amarillos que dan título al cuadro, operando como un secreto que exige una mirada paciente y minuciosa.

La materia acrílica se aplica mediante toques breves, definidos y yuxtapuestos, creando una textura tupida donde el empaste adquiere volumen sin volverse pesado. Hacia la franja superior y en sutiles grietas centrales, la densidad floral se atenúa ante la presencia de un fondo blanquecino y vaporoso. Ese velo grisáceo insinúa una bruma matinal o un destello de luz que asciende desde el sotobosque, otorgando al lienzo una atmósfera húmeda, casi respirable, que amortigua la vehemencia del pigmento.

Esta propuesta oscila con destreza entre el naturalismo botánico y la abstracción por saturación. Al privar al paisaje de contornos geográficos, el motivo floral se transmuta en un manto de pura vibración óptica, donde lo inmenso no anula lo diminuto, sino que lo custodia en una frondosidad inagotable.

Escondidas Florecillas Doradas

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