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Blanco Sendero Blanco, de Álvaro Gómez. Un mar denso de corolas blancas ocupa los dos tercios inferiores de la tela y avanza sin tregua hacia la mirada.
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Álvaro Gómez

Blanco Sendero BlancoVendida

Año
2014
Técnica
Acrílico/Tela
Medidas
120 × 240 cm
Estado
Vendida
Paleta
blanco marfil, gris mineral, gris carboncillo, ocre dorado, verde musgo
Trazo
Escurridos y veladuras líquidas combinados con empaste puntual en relieve denso

Análisis curatorial

Un mar denso de corolas blancas ocupa los dos tercios inferiores de la tela y avanza sin tregua hacia la mirada. En este lienzo de dos metros y medio de extensión horizontal, Álvaro Gómez no busca ilustrar una pradera en perspectiva lineal sino sumergir el ojo en una marea vegetal, una masa táctil donde cada botón floral se define mediante toques densos de acrílico cargados de matices cremosos, destellos ocres y diminutos centros oscuros.

El contraste fundamental surge de dos comportamientos matéricos opuestos. En la base, la pintura se acumula en puntos matéricos en relieve, casi esculturales, con tallos nerviosos que se entrecruzan y generan un ritmo quebrado y vibrante. Hacia la franja superior, en cambio, la densidad orgánica se disuelve ante un muro mineral o una lluvia pesada, resuelta mediante veladuras verticales, escurridos deliberados y filtraciones de grises, verdes terrosos y tintas minerales. La gravedad aquí manda sobre el solvente: lo líquido se derrama de arriba abajo, confrontando la pulsión ascendente de los tallos.

Esa franja superior neutraliza cualquier promesa de horizonte convencional. Actúa como un paredón rocoso, una cortina de niebla o una caída de agua umbría que contiene el desborde blanco, obligando a recorrer el cuadro de izquierda a derecha en una panorámica casi física. Los márgenes laterales se elevan como laderas florecidas, cerrando el espacio en una suerte de cañada o cuenca donde la luz no proviene de un sol visible, sino del propio resplandor reflectivo acumulado en los miles de pétalos.

Hay en este paisaje una tensión sutil entre la exuberancia biológica y la severidad pétrea. La proliferación incalculable de flores blancas parece invadir una superficie erosionada y silenciosa, sugiriendo una regeneración vegetal que avanza sobre la roca fría, un territorio donde el camino no es una huella abierta por el hombre, sino la propia marea luminosa de la vida vegetal.

Blanco Sendero Blanco

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