Barrio Escalante, San José

Visitas con cita previa

Agendar una visita (se abre la agenda)
San Marcelino, de Jorge Jiménez Deredia. Una columna de afecto y custodia organiza el espacio vertical en esta escultura, donde tres cuerpos se articulan como partes indisociables de un solo organismo protector.
1 foto · 1 video

Jorge Jiménez Deredia

San MarcelinoVendida

Técnica
Escultura en Bronce
Medidas
40 × 29 × 27 cm
Estado
Vendida
Paleta
antracita, gris plomo, peltre, negro azabache
Trazo
Modelado continuo en bronce con pátina oscura homogénea y superficies pulidas de brillo satinado.

Análisis curatorial

Una columna de afecto y custodia organiza el espacio vertical en esta escultura, donde tres cuerpos se articulan como partes indisociables de un solo organismo protector. La figura central, erguida con la sobriedad monástica de su hábito, eleva sobre sus hombros a un niño cuyo rostro corona la cúspide, mientras a sus pies otro infante se repliega sobre la base, concentrado en la lectura de un libro abierto. Esta disposición piramidal no impone rigidez; por el contrario, la transición entre los tres personajes fluye mediante enlaces anatómicos continuos, donde un brazo rodea suavemente un tobillo y el drapeado cae con la serenidad de un tronco protector.

El bronce revela una vocación formal por la plenitud y la redondez. Lejos de detenerse en detalles anatómicos minuciosos o en la textura rugosa de la fundición, el volumen se sintetiza en contornos suaves que desvían la mirada a través de curvas orgánicas. La luz recorre las superficies pulidas sin encontrar aristas tajantes, produciendo reflejos satinados que modelan la musculatura rolliza de los infantes y la calma ensimismada de los rostros. Rasgos apenas esbozados en los párpados y labios otorgan a los personajes un estado de recogimiento atemporal, cercano al sueño o a la devoción interior.

En ese tránsito de alturas reside la densidad simbólica de la escena. El niño inferior, sentado en contacto directo con la base plana de mármol negro, encarna el inicio terrenal del aprendizaje y la introspección guiada. El niño superior, alzado por encima del protector, proyecta la mirada hacia el porvenir con una inocente soberanía. Entre ambos, el crucifijo suspendido a un costado del manto ancla la vocación pedagógica y espiritual del personaje que da título a la pieza. El conjunto propone una pedagogía de la ternura, donde el saber y la fe no se imponen como cargas dogmáticas, sino como un soporte físico capaz de elevar la fragilidad humana.

San Marcelino

Otras obras de Jorge Jiménez Deredia

9 obras

Obras disponibles

Vendidas e históricas

Obras similares

Por tema, paleta y estilo

Escribir a la galería por WhatsApp