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El Tranvìa, de Guillermo Conte. La contundencia del tranvía irrumpe desde el flanco izquierdo con una pesadez casi escultórica, quebrando una atmósfera lechosa y desvaída.

Guillermo Conte

El Tranvìa

Año
2005
Técnica
Serigrafía
Medidas
73 × 79 cm
Estado
Disponible
Paleta
negro carbón, gris verdoso, blanco tiza, gris plomo, ocre agrisado
Trazo
Capas serigráficas de veladuras semitransparentes combinadas con trazos negros gestuales y barridos secos de tinta

Análisis curatorial

La contundencia del tranvía irrumpe desde el flanco izquierdo con una pesadez casi escultórica, quebrando una atmósfera lechosa y desvaída. En lugar de conformar un registro documental del transporte urbano, la escena se instala en un territorio suspendido entre el testimonio y la memoria, donde la máquina conserva su densidad de metal y sombra mientras la ciudad circundante se disuelve en brumas verdosas y grises cenicientos. La osamenta del vagón, armada mediante líneas oscuras y bloques rotundos de negro, asienta el peso visual del encuadre y confronta de inmediato la mirada antes de cederla a la indeterminación del fondo.

Un poste vertical y desnudo actúa como eje divisorio que articula la profundidad del cuadro. A su alrededor deambulan dos siluetas humanas reducidas a su contorno esencial: un transeúnte de espaldas que parece descender hacia el primer plano, envuelto por una franja de claridad, y otro más lejano, plantado con los brazos en jarras como un testigo impasible. Esta economía de figuras genera una intensa gravedad cinematográfica. Las varillas de la catenaria se disparan en trazos diagonales y secos hacia el borde superior, reforzando la sensación de energía acumulada frente a la quietud fantasmagórica del entorno.

La serigrafía elude deliberadamente el acabado plano y regular característico de la técnica industrial. Conte construye la superficie a partir de transparencias, arrastres de tinta y veladuras que simulan la espontaneidad del gouache o del monotipo, dejando respirar un fondo ocre grisáceo que evoca soportes gastados. En el suelo, un barrido diagonal de blanco quebrado refleja una luz espectral que desestabiliza el plano de apoyo y proyecta las sombras hacia adelante. En esa fricción continua entre la arquitectura severa del tranvía y la evaporación del paisaje, la obra retiene el misterio de una época detenida en el instante previo a su desaparición.

El Tranvìa

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