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Dibujando Ilusiones, de Guido Sáenz. Una corriente vegetal, densa y en perpetua oscilación, desborda los límites del bastidor sin conceder tregua al ojo.

Guido Sáenz

Dibujando IlusionesConsultar disponibilidad

Año
2009
Técnica
Óleo/Tela
Medidas
113 × 154 cm
Estado
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Paleta
verde lima, azul noche, rojo bermellón, azul cerúleo, amarillo ocre
Trazo
Pincelada filamentosa, curvilínea y empastada, aplicada en ritmos ondulantes que construyen la masa vegetal mediante líneas de color puro.

Análisis curatorial

Una corriente vegetal, densa y en perpetua oscilación, desborda los límites del bastidor sin conceder tregua al ojo. El follaje no reposa; vibra a través de filamentos luminosos que recorren cada contorno como impulsos nerviosos. La mirada queda atrapada en una masa botánica frontal donde el horizonte ha desaparecido por completo, sustituido por una arquitectura viva que clausura cualquier atisbo de cielo.

Frente al tumulto barroco de hojas serpenteantes, helechos deshilachados y zarcillos curvos, varios tallos verticales delgados y rectilíneos cruzan el plano de arriba abajo. Estas cañas operan como cuerdas de resonancia o compases métricos, imponiendo un orden severo contra el cual se rebelan las siluetas flexibles de las hojas. Entre la espesura, notas de rojo bermellón y naranja encienden las inflorescencias, actuando como focos de calor frente a los verdes ácidos y los azules celestes.

Hacia el centro superior, la vegetación se oscurece y se repliega sobre sí misma en un vórtice nocturno de tonos añil y violeta. Esa espiral concéntrica atrae la vista hacia una oquedad enigmática, una sombra vegetal que parece mirar o respirar desde el fondo de la maraña. La luz no procede de una fuente externa: emana de las nervaduras amarillas, de los ribetes encendidos y del contraste térmico entre la calidez de las bracteas y el frío mineral de las sombras.

En este tejido envolvente, el título cobra un sentido táctil y óptico. El dibujo no funciona como un mero contenedor de la forma, sino como un generador de espejismos donde cada tallo y cada fronda se transforman en una ilusión de movimiento continuo. La naturaleza aquí no es un paisaje pasivo que se contempla a la distancia, sino un organismo envolvente que late con pulsión propia frente al espectador.

Dibujando Ilusiones

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