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Punto de Fuga, de Carlos Tapia. El espacio doméstico estalla en una fuga gravitatoria donde el suelo de baldosas ajedrezadas deja de ser un plano de apoyo para convertirse en un embudo vertiginoso.
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Carlos Tapia

Punto de Fuga

Año
2014
Técnica
Acrílico/Tela
Medidas
157 × 133 cm
Estado
Disponible
Paleta
morado oscuro, rojo carmesí, amarillo cálido, turquesa, rosa
Trazo
Pincelada empastada y densa contenida por un dibujo lineal negro de trazo continuo y gráfico.

Análisis curatorial

El espacio doméstico estalla en una fuga gravitatoria donde el suelo de baldosas ajedrezadas deja de ser un plano de apoyo para convertirse en un embudo vertiginoso. Un candelabro de brazos barrocos pende en la parte superior, sosteniendo velas encendidas que no proyectan sombras sino que anclan el vórtice hacia el que converge la cuadrícula. Al titular la escena como un principio fundacional de la perspectiva clásica, Carlos Tapia pervierte el orden renacentista: la geometría euclidiana se disuelve en una marea de franjas ondulantes de color puro que tragan y expulsan la materia.

En medio de este torbellino, dos felinos electrizados encarnan el descalabro de la física. El gato turquesa se abalanza en caída libre hacia el primer plano con pupilas desorbitadas, mientras su contraparte bermellón se arquea sobre un mueble de patas zancudas y volutas encendidas. No hay reposo posible para estos cuerpos elásticos; sus extremidades se estiran como si respondieran a fuerzas centrífugas invisibles. Las siluetas, rigurosamente delineadas con contornos negros que remiten a la gráfica del cómic y a la estampa pop, contienen apenas la vibración de los planos cromáticos que chocan sin transiciones intermedias.

Sobre el lienzo de gran formato, el acrílico se asienta con una densidad táctil que delata el rastro del pincel en las zonas de rosa chicle, ocre y carmesí. La luz no procede de una fuente externa ni de las llamas de las velas; emana directamente de la saturación extrema y del contraste entre complementarios que agita la retina. Hay en esta escena un humor frenético y alucinatorio que roza la pesadilla doméstica, como si una siesta felina se hubiese transformado en un cataclismo donde los objetos cotidianos despiertan dotados de una insólita vitalidad orgánica.

Punto de Fuga

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