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Perfume de mi reina  (Costa Rica), de Olga Anaskina. El peso invertido de las corolas de floripondio dicta la gravedad del cuadro.

Olga Anaskina

Perfume de mi reina (Costa Rica)

Año
2024
Técnica
Óleo/Tela
Medidas
134 × 104 cm
Estado
Disponible
Paleta
verde oliva, salmón, verde azulado, verde lima, blanco marfil
Trazo
Aguadas fluidas con goteo vertical combinadas con empastes gestuales y frotados sobre fondo abierto

Análisis curatorial

El peso invertido de las corolas de floripondio dicta la gravedad del cuadro. Colgadas como campanas vegetales de tonos durazno, marfil y salmón, estas flores de reina de la noche caen en cascada sobre un espacio blanco que rehúsa cerrarse. La artista deja respirar el fondo del lienzo, permitiendo que la materia vegetal descienda con la violencia y la languidez propias de la vegetación tropical húmeda. El follaje no busca el orden de un herbario ni la compostura de un bodegón; es una masa viva de verdes ácidos, ocres y sombras pardas que escurre hacia la parte inferior mediante aguadas y chorreados deliberados.

En la base de esta condensación botánica surge una aparición que quiebra la mera lectura paisajística. Envuelto en veladuras de un verde azulado casi fosforescente, un rostro felino (un jaguar o un espíritu del monte) se materializa entre las corrientes de pigmento diluido. Sus ojos ciegos o abstraídos no miran hacia afuera, sino que parecen absorber la emanación de las flores superiores. La yuxtaposición entre la floripondia (planta vinculada en el imaginario popular al ensueño narcótico, al veneno y al perfume nocturno) y esta fiera espectral tensa el relato hacia el terreno del mito y la transmutación.

La pincelada oscila entre la frotación seca y el trazo líquido, dejando que la superficie conserve la memoria del goteo y la velocidad del gesto. Hacia los bordes laterales y el tercio inferior, el blanco crudo de la tela actúa no como vacío pasivo, sino como una atmósfera lumínica que aísla la visión, convirtiendo la escena en una experiencia flotante. El cuadro opera entonces como la captura de una emanación invisible: el perfume como territorio denso donde el reino vegetal y el animal se confunden en una misma vigilia suspendida.

Perfume de mi reina (Costa Rica)

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