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No me arrepiento de nada, de Marijose Terán. El choque entre dos regímenes pictóricos aparentemente irreconciliables gobierna esta tela de gran formato.
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Marijose Terán

No me arrepiento de nadaVendida

Año
2014
Técnica
Mixta sobre Lienzo
Medidas
150 × 130 cm
Estado
Vendida
Paleta
rojo escarlata, azul cobalto, blanco porcelana, verde oliva, ocre amarillo
Trazo
Superficie pulida y veladuras detalladas en la figura central sobre fondo matérico de empastes, salpicaduras y collage

Análisis curatorial

El choque entre dos regímenes pictóricos aparentemente irreconciliables gobierna esta tela de gran formato. Al frente se levanta un bodegón resuelto con un pulso de rigurosa exactitud: tulipanes escarlatas de corolas tensas, hojas cerosas que caen con peso orgánico y una jarra de porcelana blanca cuyo esmalte capta la luz con nitidez clínica. Detrás, en cambio, una atmósfera de goteos salvajes, salpicaduras y recortes de prensa rasgados descompone el fondo en un torbellino matérico de amarillos, rojos y azules.

La estructura descansa sobre un cálculo preciso de contrapesos. Los tallos se abren en abanico desde la jarra, mientras una hoja desciende en vertical hasta rozar la pila de libros que sostiene el conjunto. El tomo superior, de azul cobalto y con el lomo legible que alude a una guía de plástica nacional, ancla la escena tanto física como conceptualmente. La horizontalidad solemne de estos volúmenes sirve de basamento ordenado frente a la tempestad que estalla alrededor, estableciendo un diálogo franco entre el control del oficio realista y la libertad impulsiva del expresionismo abstracto.

La luz actúa con una duplicidad deliberada. Sobre los pétalos y la cerámica funciona como modeladora de volumen, definiendo transparencias carmín, reflejos fríos y sombras aterciopeladas de factura invisible. En el plano posterior, la materia pictórica renuncia al ilusionismo y se expone como costra, escurrimiento y huella directa del gesto físico sobre el lienzo y el papel impreso, contrastando la tersura pulida del primer término con la aspereza textural del muro abstracto.

Al llevar un motivo históricamente íntimo a una escala de metro y medio de alto, la pintura sitúa la belleza clásica frente al ruido informativo y visual del presente. Los tulipanes no buscan refugio en la pulcritud de un interior protegido; florecen suspendidos sobre el desorden, sosteniendo su vitalidad intacta frente a la marea de fragmentos que intenta desbordarlos.

No me arrepiento de nada

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