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Montañas, de Guido Sáenz. La serranía no se impone aquí por su arista cortante sino por una ondulación continua, casi orgánica, donde la tierra parece respirar.

Guido Sáenz

MontañasConsultar disponibilidad

Año
2012
Técnica
Óleo/Tela
Medidas
102 × 144 cm
Estado
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Paleta
amarillo dorado, malva grisáceo, verde oliva, verde umbrío, azul celeste
Trazo
Pincelada impresionista yuxtapuesta, con empaste suelto y toques fragmentados que modulan el relieve y la luz.

Análisis curatorial

La serranía no se impone aquí por su arista cortante sino por una ondulación continua, casi orgánica, donde la tierra parece respirar. En este lienzo de escala generosa, el ojo se adentra a través de un primer término umbrío y vegetal: a la izquierda, las siluetas delgadas de varios árboles recortan la claridad; a la derecha, una masa densa de matorrales establece el punto de observación elevado. Desde esa orilla terrenal, la mirada cae hacia una cuenca bañada en luz dorada para luego ascender por un oleaje infinito de colinas que se pliegan y repliegan hacia el confín.

El verdadero pulso del cuadro reside en la vibración cromática. La luz de una tarde diáfana no aplana los volúmenes; al contrario, descompone la topografía en un diálogo persistente entre amarillos cálidos, ocres secos y una gama sutil de violetas y malvas que habitan las laderas en sombra. Esta polaridad entre complementarios otorga al relieve una cualidad móvil, casi táctil, como si el viento y el sol cambiaran los tonos a cada instante. Más allá, en los planos sucesivos, las cumbres pierden densidad material y adoptan los celestes deslavados de la atmósfera, diluyendo la frontera entre cordillera y firmamento.

Esa atmósfera se sostiene mediante una pincelada fragmentada y generosa en empastes breves. No hay líneas cerradas que delimiten el contorno de los cerros; la forma se define por yuxtaposición de manchas, donde el trazo denota una ejecución decidida y ágil sobre la tela. Los tonos oscuros del follaje en primer plano no solo sirven de anclaje compositivo, sino que intensifican, por contraste directo, la incandescencia del valle central. El territorio aquí registrado se despoja de toda anécdota humana para presentarse como pura energía geológica moldeada por la luz, invitando a una contemplación donde la inmensidad se experimenta con serena plenitud.

Montañas

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