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Festejos para una Reina, de Marijose Terán. Una inmensa cascada de satén verde oliva acapara casi por completo los dos metros y medio de altura del lienzo.
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Marijose Terán

Festejos para una ReinaVendida

Año
2019
Técnica
Técnica Mixta
Medidas
240 × 200 cm
Estado
Vendida
Paleta
verde oliva, dorado ocre, verde bosque profundo, rojo carmín, marfil tostado
Trazo
Modelado realista de brillos y pliegues con pincelada pulida sobre un fondo matérico de pan dorado y collage de prensa.

Análisis curatorial

Una inmensa cascada de satén verde oliva acapara casi por completo los dos metros y medio de altura del lienzo. Los pliegues, cargados de un brillo untuoso y minucioso, caen con un peso escultórico que desborda la escala anatómica. Dispersas sobre ese mar textil, pequeñas rosas bordadas salpican la superficie con una fragilidad botánica que acentúa la pesadez envolvente del paño. Todo en esa masa verde habla de un exceso táctil, de una materia que no sólo viste, sino que sepulta, engulle y a la vez sostiene la presencia de la figura.

En la cima de esta montaña sedosa asoma apenas el torso y el rostro de una mujer. Su postura ladeada y el hombro desnudo quiebran de inmediato la solemnidad rígida que la monumental estructura piramidal intenta imponer. No hay en su mirada la complacencia sumisa de un retrato cortesano ni el éxtasis distante de una imagen devocional; sostiene un gesto íntimo, contenido, con una leve fatiga o escepticismo que interpela de frente al observador. Su fisonomía parece debatir entre emerger triunfante o quedar sofocada por un trono informe donde la opulencia del ropaje contrasta con la carne viva y expuesta.

El fondo dorado, articulado a la manera de una esquina o nicho arquitectónico, remite a las convenciones del icono religioso o palaciego, pero el tratamiento matérico desmiente esa pulcritud. Entre las pátinas metálicas y el ocre envejecido asoman recortes de prensa cuyos titulares (entre ellos el que bautiza la pieza y la sentencia sobre jardines sin rosas) anclan la escena en la crónica social. La técnica mixta articula así un choque elocuente: la aparente intemporalidad del oro convive con la textura precaria y amarillenta del periódico. En esa encrucijada donde los atributos de la coronación se vuelven una carga desmedida, la figura reina sin trono visible, suspendida entre el festejo impuesto y la soledad irrevocable de su propio mito.

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