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Crisantemo, de Ana Broennimann. Todo el plano pictórico es invadido por una sola vibración cromática: el amarillo se despliega no como un tono plano, sino como una materia viva que emana luminosidad propia.

Ana Broennimann

CrisantemoConsultar disponibilidad

Año
2017
Técnica
Técnica Mixta
Medidas
90 × 30 cm
Estado
Consultar disponibilidad
Paleta
amarillo dorado, amarillo brillante, ocre dorado, ocre verdoso, amarillo pálido
Trazo
Modelado matérico en bajorrelieve con delimitación sinuosa de bordes y veladuras monocromáticas

Análisis curatorial

Todo el plano pictórico es invadido por una sola vibración cromática: el amarillo se despliega no como un tono plano, sino como una materia viva que emana luminosidad propia. Ana Broennimann prescinde de tallos, fondos y referencias espaciales exteriores para concentrarse en una aproximación íntima y casi táctil al corazón botánico. Lo que se contempla no es una flor contenida en un florero, sino una inmersión absoluta en su textura y en la arquitectura de sus pétalos.

La elección del formato vertical de noventa por treinta centímetros impone una tensión particular a una forma naturalmente circular. Al situar el centro germinal desplazado hacia el tercio superior derecho, la mirada queda atrapada en una espiral orgánica que desciende en cascada. Los pétalos inferiores se ensanchan, caen y se pliegan sobre sí mismos, adaptándose a la estrechez del soporte como si desbordaran sus límites físicos. Esta compresión convierte el movimiento centrífugo del crisantemo en un ritmo vertical fluido, semejante a una caída de telas o a una llama contenida.

Sobre la superficie, la técnica mixta cobra un protagonismo decisivo a través del bajorrelieve. Cada borde petaliforme posee una corporeidad palpable, marcada por aristas modeladas, sutiles craquelados y transiciones tonales que van del ocre dorado al amarillo limón más luminoso. No es solo el pigmento el que define las sombras y los volúmenes, sino la luz ambiental incidiendo sobre los relieves reales de la pasta. Esta cualidad escultórica acentúa la sensualidad del motivo botánico, dotando a la imagen de un peso y una densidad que contrastan con la fragilidad intrínseca de lo vegetal.

Al privar al crisantemo de cualquier contexto decorativo, la superficie se transforma en una cartografía orgánica y solar. La pieza trasciende el retrato floral tradicional para interrogar la fuerza germinal de la naturaleza, ofreciendo al espectador una experiencia de contemplación envolvente donde la materia plástica y la luz se vuelven indisociables.

Crisantemo

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